Historia de Conversión

 

Por: Carolyn Baber

 

Nací hace 44 años de padres luteranos (Sínodo de Missouri), fui la cuarta de seis hijos; un niño (el más joven) y cinco niñas. Mi padre era el pastor de la iglesia luterana a la que asistíamos, y yo estoy muy agradecida de las bases de mi fe cristiana.

Algunas veces me preguntan si hay mucha diferencia entre la religión católica y la luterana. Desde la perspectiva luterana, las diferencias involucran tres aspectos: autoridad, salvación, dos sacramentos contra siete, rechazo de los dogmas marianos y veneración de los santos, así como el concepto de pecado venial o mortal y la necesidad de reparación, incluido el purgatorio, la cena del Señor (transubstanciación contra consubstanciación) y el concepto de adoración en sí mismo como adoración cristocéntrica contra adoración eucarística.

Mi esposo Daniel y yo nos conocimos mientras estábamos en la universidad. El entorno religioso de él era variado. Con un solo hijo, el padre de Daniel era católico, su madre era judía. Daniel fue criado como judío hasta la edad de nueve, cuando su madre se convirtió cristiana. La familia entonces probó en varias denominaciones, incluyendo luteranos y pentecostales, antes de convertirse en católicos, un poco antes de yo conocerlo. La mama de Dan lideraba un grupo de oración carismática en donde yo tuve un “encuentro personal con Jesucristo”, incluyendo oración diaria y estudio bíblico. Dan y yo asistíamos a su iglesia, pero nos casó un pastor bautista un año después que Dan conoció en el colegio bautista en el que se graduó. Yo abandoné mis estudios para dedicarme a mi hogar.

Nos mudamos a Texas junto con los padres de Dan, y allí vivimos durante 9 años. Bautizamos nuestros hijos en la fe católica, pero con una condición: no habría oración alguna a la virgen ni a los santos. ¡Nosotros queríamos enfocarnos en Jesús! Pero una noche descubrimos a la mamá de Dan enseñando a uno de nuestros hijos a rezar el rosario. Fue una falta de credibilidad que me hizo reexaminar nuestras diferencias religiosas. Cuando mi padre le ofreció a Dan una posición en su agencia de autos, regresamos a Illinois y empezamos a asistir a la iglesia luterana, en donde Daniel y mis hijos se convirtieron luteranos. Presionada por Dan para trabajar, entré a una firma de seguros. Después conseguí un trabajo en ventas, en donde logre rápidos éxitos, consiguiendo el premio de “novato del año” en la empresa. Dan estaba muy contento con la “ambiciosa” esposa, y después de un breve apoyo de un consejero matrimonial, nuestra vida matrimonial mejoro debido a una mejor comunicación más efectiva, y se acentuó el tiempo familiar. A Daniel le ofrecieron un nuevo lugar como socio de una agencia de autos. Una firma nacional de inversión me reclutó. Fuí la mejor de mi clase a nivel nacional, y rápidamente empecé a percibir un salario de seis cifras. Casi todas las tardes yo elaboraba seminarios de inversión o visitaba clientes para planeación de retiro o financiamiento, pero hacía tiempo para mi familia tan continuo como se pudiera. Dan y yo trabajábamos duro, y también nos divertíamos duro, vacacionando en lugares como Jamaica y Hawaii. Comíamos en restaurantes finos, y cuando nos podíamos separar del trabajo, ¡viajábamos en bote, en jet-sky, o esquiábamos en lugares como Tahoe, Aspen o Columbia Británica! Yo era indulgente con mis hijos en los frecuentes viajes de compras. Fue por este tiempo cuando yo recibí una llamada para hacer una entrevista para la columna del periódico Wall Street Journal, llamada “Trabajo y Familia”; y después una entrevista para las noticias de la noche por televisión de la NBC, con el tema “como equilibran trabajo y familia las mujeres exitosas”.

En el pináculo de mi carrera, tuvieron que llegar unos retos personales en mi vida para darme cuenta de lo que era realmente el “éxito”. Inesperadamente, mi hija más chica me escribió una carta, diciendo que ella se sentía que estaba fuera de mi vida. Después, Linda, la tía de mi esposo falleció y mi propia tía Lorraine falleció repentinamente el mismo año. Entonces, empecé a evaluar la calidad de la vida desde una perspectiva eterna, y me di cuenta de que no estaba invirtiendo la mayoría de mi tiempo, talento y energía en las áreas que realmente importaban en mí, en mi familia y en Dios. ¡Nuestras hijas tenían 17 y 19, y entonces me dí cuenta de cuánto de sus vidas me había perdido! Entonces cambie mi “oración de ventas”, la relacionada con mi futuro, la cual le daba a Dios las opciones aceptables (Querido Dios, “A o B”), a una oración de total apertura (Querido Dios, “A hasta Z”). Oré para tener la voluntad de Dios en mi vida. La mamá de Dan me invito a orar en una capilla de adoración católica cercana a mi oficina. Sentí una profunda paz en el momento que entré; y en los siguientes meses, visite frecuentemente esa capilla para orar y leer mi biblia. Pasajes como Mateo 6:” Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura…... ¿No valéis vosotros más que ellas?” Mateo 10, 38-39: “38.- El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. 39.- El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.”; o Lucas 9,25: “Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?” me impacto profundamente. Entonces decidí que Dios debería convertirse en el objetivo de mi identidad y mi seguridad. Estaba segura de que Dios me pedía que dejara mi carrera, y finalmente renuncié, en contra de una enorme oposición y lucrativas ofertas para quedarme. Después de una semana en casa, mi hija mayor estaba llorando en mis brazos, diciendo que ella se había criado sola por tanto tiempo, y que no pensaba en que necesitara una madre. Y mi hija más joven estaba tan contenta de que nosotros pudiéramos pasar tanto tiempo juntas en sus shows de arte y competencias de discursos. Entonces sentí una “atracción magnética” en mi corazón hacia la Iglesia católica, pero me tomó mucha oración y estudio de mi parte para considerarme una católica.

Comencé a leer mi Biblia en una búsqueda de la verdad, y encontré perspicacias mucho más profundas de las que yo había comprendido alguna vez. Comenzando con el Antiguo Testamento, descubrí un "anteproyecto" de adoración construido alrededor del concepto de sacrificio que fue hecho pleno en Jesucristo. Encontré nuevos descubrimientos en viejos citas bíblicas muy conocidas, como Éxodo 12. ¡Mientras yo solo había recordado las instrucciones de Moisés a los israelitas sobre pintar con la sangre del sacrificio del cordero sobre los marcos de las puertas, yo había perdido las instrucciones adicionales para ellos, las de consumir la carne del cordero! Las profecías de Malaquías 1:11 sobre un sacrificio perfecto, perpetuo y los versículos del Nuevo Testamento, como Juan 2, Juan 6, y Mateo 23 me ayudó a entender el sentido pleno de la Cena del Señor y la Eucaristía. Las perspicacias en el relato de Eva en el Génesis me ayudó a ver el papel de María en el plan de Dios. Comencé a leer el catecismo católico. Estaba asombrada de encontrar que los versículos de la Biblia que tanto me habían afectado, apoyaban las explicaciones de la enseñanza católica. Descubrí la creencia católica de la eucaristía en los escritos de los padres de la Iglesia Primitiva, que leí después. ¡Estas escrituras cristianas tempranas también confirmaron una jerarquía de iglesia y el concepto católico de autoridad! El hecho que el origen histórico de la iglesia protestante existió hace sólo 500 años comparados con 2000 años de la historia católica, también declaró la autenticidad de la Iglesia Católica. ¡Mi pasión de la Iglesia vino de la comprensión de que todo esto guarda relación con el mismo Cristo por medio de sus enseñanzas infalibles y en la gracia de los sacramentos, sobre todo la eucaristía!

¡Han habido muchos sacrificios y alegrías estos 4 años pasados, pero ningún retroceso! Una de las mayores alegrías que nuestra familia recibió a través de muchas pruebas, fue el nacimiento de nuestro nieto. ¡Dan y yo regresamos a la Iglesia en junio de 2001 y fui confirmada católica en octubre de 2001 junto con mi hija mayor, quién es también ahora una católica apasionada! He dado clases en un grupo de oración femenino en nuestra diócesis durante 4 años, y ahora trabajo para St. Joseph Communications, hablando y enseñando las buenas nuevas de Jesucristo y la Iglesia Católica en grupos femeninos, parroquias, y conferencias familiares a escala nacional.