Porqué me convertí a católico

por Ernie Davis

 

 

A menudo la gente me pregunta, "¿Por qué te convertiste en un católico?" Mi respuesta es, "Porque me di cuenta finalmente que no podía dejar de serlo". Para un anglicano o un episcopalino, esa respuesta podría tener sentido. Pueden no estar de acuerdo, pero pueden entenderlo. Los católicos pueden ser mistificados por eso. Me encantó la Iglesia episcopal, y ser un sacerdote episcopalino era todo lo que yo quería ser. Me tomó mucho tiempo aceptarlo y admitirlo, pero es verdad.

La Iglesia episcopal San Pedro en Fernandina Beach, Florida, es una chulada de iglesia. Fue construida en los días gloriosos del primer boom de Florida, con congregación llena con gente inteligente, de buen gusto, y con medios financieros. Fueron capaces de expresar en arquitectura la fe que ellos creían, expresando en pino amarillo nativo y vidrieras el catolicismo reformado de la liturgia episcopal. La Iglesia fue hecha para los Sacramentos. Los sacerdotes de la Iglesia dejaron una impresión duradera en mí. El padre Neil Gray era la persona más inteligente que conocía, y le creía cuando nos enseñaba en el entrenamiento para confirmación y para ser acólito, que los episcopalinos eran católicos que acabaron con la corrupción y la superstición en la Reforma. Le creí cuando nos enseñó que nuestra liturgia y que nuestra fe era la liturgia y la fe de la Iglesia Católica indivisa, y que la católica continuaba ininterrumpida y esencialmente sin cambios a través de la Iglesia anglicana y episcopal.

El padre Gray y su sucesor, el Padre Ralph Kelley, eran héroes del pequeño pueblo durante los días difíciles de la segregación escolar y eclesial. Las Iglesias Católicas de San Pedro y san Miguel eran las únicas iglesias en el pueblo que tenían una historia de inclusión racial -no perfecta pero me hacía sentirme orgulloso-. Cuando él KKK trató de quemar una cruz en el césped de la rectoría, el padre Kelley nos hizo saber que poseía una escopeta. Eso me impresionó. Recuerdo a mi madre planeando su escuela dominical con la señora Frances Holliday, una mujer afroamericana, y me hizo sentirme orgulloso de mi fe y mi familia.

La primera grieta en el mito de que las Iglesias Anglicana y Episcopal son católicas llegó cuando visité Williamsburg, Virginia, cuando era pre-adolescente. Según el mito de que el catolicismo continuó en una línea ininterrumpida, se esperaría que el edificio colonial de la iglesia anglicana debiera reflejar esa fe en la naturaleza sacramental de la liturgia y la Iglesia. Me sorprendió ver que las iglesias coloniales anglicanas eran mucho más parecidas a iglesias metodistas o presbiterianas. Ellos hacían hincapié en la predicación de la palabra y no a los Sacramentos, la predicación llana y sin belleza tradicional. Yo no sabía qué pensar. Las pruebas no se ajustaban al mito. Pero eso no me sacó del camino. Yo amaba el mito, y amaba a la Iglesia episcopal. Debido a que yo amaba tanto el mito, cuando estaba en una encrucijada, siempre escogí hacia el lado que tendía a apoyar el mito. Al elegir un seminario, evitaba los que enfatizaban las raíces protestantes de la Iglesia episcopal y visitaba los que apoyaban mi noción preconcebida de lo que debía ser la Iglesia. Los sacerdotes que respetaba más eran de Nashotah House, el seminario semi-monástico anglo-católico en Wisconsin www.nashotah.edu. Por diversas razones lo escogí en lugar de ir al Seminario teológico General (GTS). El GTS tiene una reputación académica fuerte; se enorgullece de ser un "pequeño Oxford", y basa su vida comunitaria en la oración matutina, la misa, y las vísperas. Teníamos varios grandes profesores, entre los que sigo admirando P. J. Robert Wright quien nos introdujo a los grandes padres, y el P. Phil Turner nos regresó a la última gran teología moral Anglicana; Kenneth Kirk, el obispo anglo-católico de Oxford quien basaba sus textos en Tomas Aquino.

Mientras estaba en el GTS tuve que enfrentar que, si bien el mito de la continuidad de catolicismo dentro del anglicanismo pudiera ser hermoso, es en gran parte falso. Mientras estudiamos liturgia e historia de la Iglesia, se hizo claro que el mito que yo amaba fue la creación del movimiento Oxford del siglo 19 en la comunidad anglicana. Todo aquello que tanto quise sobre la ética episcopal, su belleza y su enfoque sacramental, su estilo de celebración eucarística, fue aprendido del catolicismo del siglo XIX y de un estudio de catolicismo pre-reforma tal como se practicaba en Inglaterra. También en GTS tuve que enfrentar que nuestro método episcopalino de hacer teología y ética dejaba mucho que desear. Era difícil de decir la diferencia entre vivir en el barrio Chelsea de Manhattan y la vida dentro del seminario cerrado. En lo que a ética sexual respecta, estamos obligados a evitar una conducta "predadora". Todo lo demás parecía ser aprobado.

De hecho la facultad del seminario bajó mucho. Cualquiera que hablará sobre la vida del seminario a cualquiera fuera de la comunidad del seminario. Cometí el "error" de platicarle al obispo, el obispo cometió el error de platicarle al diácono, y en la facultad casi me expulsan. Aprendí a mantener mi boca cerrada y mi cabeza baja. Estudié duro, encontré mucho que disfrutar sobre la vida en Nueva York, y me gradúe con honores. Para mi tesis, escribí sobre los cambios en el uso de la sangre en el sacrificio del Antiguo Testamento.

Cuando me gradué del seminario, hubo un superávit de sacerdotes, y no hubo la apertura para mí en la diócesis que me patrocinó, la diócesis episcopal del suroeste de la Florida. Pero tuve que el gran privilegio de encontrar un puesto de coadjutor en S. Stephen's Church en Providence, Rhode Island. Esta parroquia es una de los más grandes anglo-católicas en el nordeste. Fue mi primera experiencia ayudando en la misa con el ritual anglo-católico completo, con gran música, gran dignidad, y el enfoque completamente sacramental. Cuando fui ordenado, fue con el pleno conocimiento e intención de que yo estaba siendo ordenado para la Iglesia Católica.

Por 15 años serví como sacerdote en la Iglesia episcopal. Yo amaba cada parroquia y cada reto. Pero estos años finalmente destruyeron el mito el cual cimentaba mi amor a la Iglesia episcopal. Yo no pienso que hubo alguna innovación particular durante estos años que finalmente me abrió los ojos a la verdad.

Si yo mencionaría los puntos por los que decidí salir, Quizá alguien dirá: ¡ajá!¡ Lo supe todo el tiempo. El sé marcho porque él se opuso a ése punto. El padre Davis es un reaccionario. No necesitamos a esos tipos en la Iglesia Católica! Pero me tomaré el riesgo, porque quiero compartir la verdad de la forma en que me convertí finalmente católico. Y para mí propia libertad, tengo que ser capaz de contarles la historia.

 

Para mí, todas estas innovaciones compartían una falla común: abrazar y defender el aborto y la eutanasia, la apertura de los ministerios sacramentales de la iglesia aquellos que no estaban ordenados en órdenes apostólicas, la apertura de la sagrada comunión a los no bautizados y a los no cristianos, la ordenación de mujeres, y matrimonios del mismo sexo. Estas innovaciones sólo podían ser abrazadas por una Iglesia que consideraba que los sacramentos no eran esenciales para la Iglesia, que no estamos realmente en una relación ininterrumpida con Dios, que revela su verdad en una forma digna de confianza en todas las edades de la Iglesia, así que los episcopalinos eran libres de establecer nuevas doctrinas y hacer cumplir nuevas disciplinas que están en conflicto con la Iglesia Universal. Ya sea que estuviera o no en desacuerdo con cualquiera de ellas, todas apuntaban a la misma falla.

La Iglesia Episcopal no es católica porque hace doctrina y hace cumplir la disciplina basada en las nociones efímeras de lo que es realmente importante para un grupo muy pequeño de gente, que para su propia comodidad lo producen como el estándar por medio del cual se mide todo. ¿Me atrevo a decirlo? Ya lo hice, y era uno y podría haber sido uno para toda la vida.

La gente a veces me dice, "debió haber sido duro dejar la iglesia episcopal. Debió haber tomado mucho tiempo decidirlo." Déjenme decirles, no fue difícil decidirlo. Fue bastante fácil. Una vez que me di cuenta que la respuesta a la pregunta, "es realmente la Iglesia episcopal parte de la Iglesia Católica? era realmente, "no. Nunca ha sido. Nunca será," el mito se disolvió y yo supe que estaba de pie la luz del día. Yo simplemente supe, "si no soy católico, entonces necesito ir a donde la Iglesia Católica realmente está." Es mucho más fácil vivir en la verdad que vivir en la falsedad, y nunca he lamentado mi decisión de partir.

Los pasos prácticos fueron mucho más difíciles. Dejar una comunidad de fe nunca es fácil. Tratar de actuar responsablemente hacia las almas que no compartieron mi jornada interna fue difícil. Encontrar una manera de ganarse la vida fuera del confort y fiabilidad de una organización con un salario muy generoso y un fondo de pensión fue estresante. No recomiendo a nadie que haga la misma viaje asumiendo que alguien estará allí para sostenerte cuando des el paso en el acantilado. Tienes que encontrar un camino, y a veces ese camino pasa a través del desierto. Yo he sido católico ahora por 10 años, cinco de ellos como sacerdote. Algunos católicos me preguntan por qué me fui, ya que, para ellos, la Iglesia episcopal parece la respuesta a un sueño católico. Algunos quieren presionar preguntando una de las cuestiones y ver cómo reacciono. Yo casi nunca lo hago. Claro que hay cuestiones que molestan a muchos católicos y claro, algunos toman decisiones muy diferentes a las que la Iglesia Católica ha tomado.

Para mí, esto es parte de ser de una iglesia que no apura las cosas, especialmente en aquellas en las cuales nuestras vidas y nuestra fe dependen. Estoy orgulloso de ser católico y un miembro de una iglesia que puede hablar de la verdad con V mayúscula en nombre de los pobres del mundo, nuestros niños, nuestros ancianos, nuestros discapacitados, y en nombre de la santidad de la naturaleza y la vida misma. Lo que se pretende es lo siguiente. ¿Es importante ser católico? Si lo es, entonces ve a donde está la Iglesia Católica. Es más fácil vivir en la luz de la realidad que en un mito. Mucho más fácil. Espero que usted visite la página web de un grupo creciente de ex-anglicanos y ex-episcopalinos de Kansas City que regresaron a casa a la Iglesia Católica www.ourladyofhopesociety.org