¿Los Católicos adoramos imágenes?

 

ÍNDICE

I.-      Introducción
II.-      Los diez mandamientos y las imágenes
III.-     La intercesión de los santos
IV.-    El IV concilio de constantinopla y el verbo "adorar"

 

1.- INTRODUCCIÓN

Al pueblo del Antiguo Testamento, el Altísimo le prohibió realizar imagen o escultura alguna que recibiera adoración como divinidad. Hay muchísimos textos que así lo indican. Uno muy citado por los protestantes para acusar a los católicos de idólatras por la veneración de imágenes sagradas es el de Éxodo 20,4.
La clásica acusación protestante y de muchas sectas contra el catolicismo tachándolo de religión idolátrica por la realidad antes citada no tiene fundamento, por la sencilla razón de que en el catolicismo las imágenes sagradas ni son ídolos (sustitutos del verdadero Dios), ni se les adora.
Dios fue el primer constructor de imágenes cuando dijo: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza", Génesis 1,26. ¿Se contradice Dios, cuando después prohíbe al pueblo israelita construir imágenes? ¡Claro que no! La prohibición es solamente cuando estas imágenes son reconocidas como Dios en sí mismas por sus adoradores. Esto no existe en el catolicismo.

El pueblo de Israel, rodeado de naciones paganas que adoraban ídolos de sus dioses falsos, podía contaminarse, como sucedió en ocasiones a los israelitas al caer en esa práctica abominable para Yahvé. Ésta es una de las muchas razones por las que Dios prohibió al pueblo elegido construirse imágenes que podían convertir en ídolos. Los israelitas concebían a Dios como un espíritu, porque ciertamente lo es, Juan 4,24. Entonces, en el AT no era posible representarlo gráficamente.

Mas en el Nuevo Testamento, el Verbo (Cristo) se hace carne, Juan 1, 1, y toma un cuerpo y naturaleza humana. San Pablo lo reafirma cuando, refiriéndose a Cristo, dice que es: Dios manifestado en carne, 1 de Timoteo 3,16.

Esto permitió desde el inicio del cristianismo que en el seno del mismo surgieran imágenes, pinturas, etcétera, que lo ilustraran gráficamente, como se puede ver en las antiquísimas catacumbas, refugio en la persecución de la Iglesia primitiva, donde abundan ilustraciones de Jesús, de la Virgen María y personajes bíblicos hasta del AT.

Los mismos protestantes, a pesar de que dicen practicar sólo lo que viene en la Biblia, dibujan a Cristo y los apóstoles en su literatura y algunos se han atrevido hasta a tener imágenes de ellos en sus templos, no se diga en sus hogares, inclusive hasta la Última Cena de Da Vinci, siendo que Jesús y sus apóstoles no dejaron ninguna ilustración de su rostro o cuerpo en la Sagrada Escritura. Ningún protestante o sectario, a esas ilustraciones se atrevería a darles un uso irrespetuoso... esto es sinónimo de veneración. No debían, de acuerdo a su marcado rechazo a las imágenes sagradas, aceptar esta realidad. ¿Cómo prueban bíblicamente que Cristo es como lo ilustran?
Sólo un obcecado contra el catolicismo o de ínfimo conocimiento artístico podría clasificar todo esto de idolatría.
Si alguien desea abundar lo que la Iglesia ha definido oficialmente sobre el culto de veneración a las imágenes sagradas, consulte en internet sobre el decreto del Concilio II de Nicea al respecto de esta doctrina
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2. LOS DIEZ MANDAMIENTOS Y LAS IMÁGENES Índice

Tratándose de las imágenes sagradas, una de las principales inculpaciones que nuestros hermanos protestantes hacen a la Iglesia Católica (como nuestro hermano Víctor Luna), es la de haber adulterado el Decálogo suprimiendo el segundo mandamiento que, según ellos, condena las imágenes, para llevar a los fieles a "adorarlas", por lo que el catolicismo es para ellos una "verdadera idolatría".

Pero para empezar y guiándonos por una sana lógica: ¿Hubiera permitido un "Dios celoso" (Ex. 20, 5) que millones de hombres a través de tantos siglos creyeran en un decálogo adulterado? ¿Hubiera permitido Dios que se realizara semejante ultraje a su "carta magna" a lo largo de tanto tiempo? ¿Falló la promesa de Cristo de estar con su iglesia "todos los días hasta el fin del mundo" (Mt. 28,20)?
Pensar que Dios puede permitir eso, no sólo es demencial, sino que es una verdadera blasfemia al pretender que Dios "no puede" preservar a su Iglesia del error.

Ellos pretenden probar que la Iglesia Católica ha adulterado el Decálogo, comparando la forma que de él tiene la Iglesia con la que dejó consignada Moisés en el Exodo, las cuales son iguales en esencia, pero indudablemente no lo son en su forma.

La Iglesia Católica no ha conservado en su Decálogo la forma de Moisés, por la sencilla razón de que ella no es Mosáica (como lo son las sectas), sino cristiana, es decir conforme a la doctrina de Cristo. En efecto, Cristo no dice como Moisés: "No tendrás dioses ajenos delante de mí" (Ex. 20,3), sino que dice: "Amarás al Señor Dios tuyo con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente; este es el máximo y primer mandamiento" (Mt. 22, 37).

Modificación a los Mandamientos:

Leemos en la Biblia protestante (pondremos el número del versículo entre paréntesis):

Suplicamos al lector que note cuidadosamente que, al redactar los mandamientos, ni la propia Biblia protestante indica dónde termina un Mandamiento y dónde comienza el siguiente, de tal manera que los protestantes sin absolutamente ningún derecho (ya que ellos dicen no reconocer más autoridad que la de la Biblia, y que ésta no se los concede), los han dividido a su antojo:
toman así como primero tan sólo el versículo 3 y como segundo los versículos 4, 5 y 6, para inculpar a la Iglesia que agrupa todos estos versículos en un Mandamiento, de haber suprimido el segundo para hacer venerar ("adorar" dicen ellos) las imágenes a los fieles.
Ahora bien, la Iglesia Católica tiene de Cristo el derecho de enseñar la Doctrina y por ende el de interpretar las Escrituras: "Quien a ustedes escucha, a mí me escucha" (Lc. 10,16) y aunque los protestantes nieguen esto, deben reconocer que tiene al menos exactamente el mismo derecho que ellos para agrupar los versículos bíblicos de la manera que juzgue mejor, y es evidente que conviene agrupar los versículos 3 al 6 en un solo Mandamiento en vez de en dos, ya que todos ellos se refieren al culto que debemos rendir a Dios, siendo los versículos 4 a 6 tan sólo una ampliación o explicación del versículo 3, del mismo modo que los versículos 9, 10 y 11 son una ampliación del verso 8, ampliación aquella que si en la era Cristiana resulta por completo fuera de lugar, se imponía en la época de Moisés, ya que el pueblo hebreo, después de haber vivido durante más de 400 años entre el pueblo egipcio, esencialmente idolátrico, pues adoraba a Isis, a Osiris, al Buey Apis, a los Hipopótamos y Cocodrilos sagrados del Nilo, etc. Etc.
Tenía una fuerte tendencia a la idolatría, como nos lo prueba el hecho de que apenas Moisés se separa de ellos para recibir las Tablas de la Ley, los encuentra al bajar del Monte Sinaí, no por cierto venerando la imagen de Abraham, o del Profeta Elías, sino adorando un "becerro de oro".

Pero que ni aún la religión mosaica prohibía las imágenes en la forma tan irracional como las prohiben los protestantes, nos lo demuestra el hecho de que Dios ordenó a Moisés que hiciera dos querubines de oro y los colocara "en los dos cabos del Arca de la Alianza" (Ex. 25,18), así como que hiciera una serpiente de bronce y la levantara en alto para que milagrosamente quedaran curados los que con fe la miraran (Núm. 21,8).
Inútilmente buscarán los protestantes en todo el Nuevo Testamento alguna frase de Cristo o de sus Apóstoles, en la que ni remotamente pueda interpretarse como condenando el uso de las imágenes.
Y volviendo a la religión Mosaica, ¡ya va diferencia tan enorme entre los ídolos cuya adoración estaba prohibida, que eran esculturas de monstruos o de animales, a las imágenes que no adoran, sino veneran los católicos!
Leemos en el Decálogo de Moisés, que Dios da como razón para prohibir la adoración de ídolos, el ser "celoso"; ¿pero cómo podría Dios sentirse celoso de que se venere la imagen de su Hijo crucificado, de la Santísima madre de Jesús, de los Santos, que oyeron la palabra de Dios y la pusieron en práctica? (Lc. 8,21)? ¡Qué idea tan pobre y tan mezquina tienen de Dios los protestantes para pensar que se puede sentir celoso de un culto en el que se le tributa honra a su Hijo amado y a los santos y santas, héroes y heroínas del catolicismo a través de los siglos? Y el odio de los protestantes por las imágenes católicas no solamente es antibíblico, sino también es irracional.
En efecto, ellos reconocen por legítimo tener en su casa el retrato del padre difunto, del hijo que se fue a la guerra, de la hija que se casó; reconocen la legitimidad de elevar estatuas a Washington, a Lincoln, a Juárez, y de, en el aniversario de su muerte, hacer algo con la intención de recordarlos y de honrarlos.
Pero, en cambio, no toleran la imagen de Jesucristo Crucificado que nos recuerda continuamente a los católicos, el amor de Cristo por el hombre. No toleran la imagen del Sagrado Corazón de Jesús mostrándonos su Corazón lleno de amor por nosotros, ni toleran rindamos culto a la imagen de la Madre de Cristo, ni a los Santos que fueron "porta-Cristos", que llevando en su alma el espíritu de Dios, han llegado y llegan constantemente a una altura espiritual que es inconcebible en el protestantismo.

Ahora bien, profundizando aún más en esa inculpación nos damos cuenta de una cosa muy importante: los protestantes, al querer aislar el versículo 3 (poniendo aparte los versículos 4, 5 y 6), vieron que al final les resultarían once mandamientos en vez de diez, por lo que se les ocurrió la ingeniosa idea de unir los mandamientos nueve y diez en uno solo (Ex. 20,17) y de esa forma seguían siendo diez.
Pero muchísimos siglos antes de que los protestantes nacieran, la Iglesia Católica vio en el versículo 17 dos mandamientos, porque no es lo mismo codiciar una mujer que codiciar un animal o una cosa. La mujer no es una "cosa", es una "persona".
El problema de los protestantes es que ven la Biblia con los ojos de la ley Mosáica, pero nosotros tenemos que verla con los ojos de la ley de Cristo.

Además es importante recapacitar que si la agrupación que hacen ellos fuera la correcta, tendrían que observar el sábado como día dedicado a Dios en lugar del domingo cristiano, puesto que ese precepto viene en el texto original (Ex. 20, 8-11). Podríamos entonces revertirles la objeción así: ¿Por qué "suprimen" el mandamiento del sábado?

 

 

3.- INTERCESIÓN DE LOS SANTOS.- Índice

"La intercesión de unos creyentes a favor de otros es una enseñanza tan frecuente en la Biblia, que los mismos protestantes la practican aquí en la tierra. Y curiosamente, cuando encuentran estos casos en la Biblia, entonces no les parece que eso sea desconfiar de los méritos infinitos de Cristo. Pero como los católicos extendemos esa intercesión aun a los Santos que ya están en el cielo, los protestantes, con tal de llevar la contra, alegan que los santos están muertos y que, por tanto, no pueden pedir por nosotros: no nos oyen, ni pueden hacer nada. Pero veamos: Jesús les respondió a los saduceos que Dios no es dios de muertos, sino de vivos (Mt 22,32), dando a entender que Abraham, Isaac y Jacob estaban vivos delante de Dios. De hecho, en la Transfiguración aparecen Moisés y Elías hablando con Jesús (Mt 17, 2-3). La Biblia dice que en el cielo los ángeles escuchan nuestras oraciones, y nos ayudan (Gn 48,16; Tob 12,12; Zac 1, 12-13.16; Mt 18,10; 1 Cor 4,9). Y Jesús enseña también que en el cielo los justos son como los ángeles (Mt 22,30; Lc 20,35-36). No podemos pensar que la situación de los bienaventurados sea como la nuestra, pues ellos no están sujetos, como nosotros a las limitaciones del tiempo y de la materia (1 Cor 13, 12; Jn 20,19-26) Los católicos creemos que sólo Jesucristo nos ha redimido con su sangre, y que Él es nuestro único y suficiente Mediador. Pero esto no se opone en ninguna manera a que los cristianos llamados "santos" (1 Cor 1,2), podamos interceder unos por otros y ayudarnos a conseguir la salvación que nos ganó Jesucristo.
Podemos hacerlo, precisamente porque estamos unidos a Cristo e identificados con Él (Jn 15,1-10; 17,21-23.26; Gál 2,20). Y es obvio que esa obras maravillosas que manifiestan la gracia de Cristo en nosotros, las pueden realizar con mayor perfección los fieles que se han dejado transformar más plenamente por Cristo, como son los Santos, y muy especialmente la Santísima y gloriosa Virgen María, la "llena de gracia", la "bendita entre todas las mujeres" (Lc 1, 28.42).

La Iglesia ha enseñado siempre (desde mucho antes de que existiera el protestantismo) que la mediación de Jesucristo es única e insustituíble (Hch 4,12; 16,30-31; 1 Tim 2,5).
En efecto, sólo a Él le pedimos que nos salve, y las oraciones oficiales de la Iglesia siempre se dirigen a Dios Padre por medio de Jesucristo.

En cambio, la intercesión de los Santos, dice el concilio de Trento, es "buena y provechosa". Es la expresión, en la práctica, de la "comunión de los santos" (credo apostólico) por la cual es posible que todos los fieles nos comuniquemos los bienes espirituales que hemos recibido de Jesucristo."

Es cierto que algunos textos del Antiguo Testamento prohiben hacer imágenes (Ex 20,4-5; 34, 17; Lev 26,1; Dt 4,15-25; 5,8-10, Is 44, 9-20). Pero estos textos nuevamente, se deben tomar en su contexto, es decir, ver en que momento y con que intención se escribieron y qué relación tienen con otros textos de la Biblia. Si estos textos se analizan con atención, se verá que lo que Dios prohíbe es adorar a dioses diferentes de Yahveh, el único Dios verdadero (Dt 4, 35).
Los otros dioses son falsos, no existen y, por tanto, sus imágenes no representan a nadie, son ídolos (Sal 96,5). Yahvéh prohibe también a los israelitas hacer imágenes de Él mismo (Dt 4,12-15), no porque fueran a confundirlo a Él con su imagen, sino porque podían confundir a Yahveh con otros dioses.
El Dios verdadero e invisible, no se identifica con ninguna criatura que pueda ser representada mediante alguna imagen, y ninguna criatura, ya sea el sol, la luna, un rey, un animal, etc, es dios.

Por otra parte, el protestantismo, al tomar estos textos fuera de su contexto, hacen que Dios se contradiga, pues en otras partes de la Biblia, como las que a continuación se citan, Él mismo ordena hacer imágenes con fines religiosos:

Num 21,8; Ex 25,10-22; 1 Re 6, 23-29; Jos 7,6; 1 Re 7, 25-29.

En Mc 12, 16, se le presenta a Jesús una imagen del César en una moneda, y Él no la condenó como idolatría. Se pierde el tiempo viendo "idolatría" en las imágenes, pues estas sólo se toman como REPRESENTACIÓN GRÁFICA de aquello que creemos. Eso es tomar la Biblia según la letra, no según el Espíritu (2 Cor 3,6)

Las imágenes recuerdan a aquellos personajes que representan, puede ser Jesús, los santos, la Virgen María, etc. El acto de ver las imágenes es lo mismo que leer un texto bíblico que nos hable de ellos. Por ejemplo, contemplar un crucifijo, y aún orar delante de él, es lo mismo que hacerlo con Mt 27,35-54. La primera es una imagen pintada o esculpida, la segunda está descrita con palabras impresas. Tan material es la una como la otra. La verdadera idolatría en la que podemos caer, tanto los católicos con imágenes, como los protestantes sin ellas, es la de poner nuestra confianza de salvación en algo que no sea Dios (Fil 3,19; Col 3,5; Lc12, 19-21). El mismo Lutero dijo: "Aquello a lo que apegas tu corazón y de lo que te fías, es propiamente tu Dios".

 

 

4.- EL IV CONCILIO DE CONSTANTINOPLA Y EL VERBO "ADORAR".-Índice

Es increíble la cerrazón y el empecinamiento de algunos hermanos separados, que no conformes con las pruebas que hemos presentado, no se dan por vencidos y buscan incluso en los documentos de la Iglesia o en la Historia algo, aunque sea pequeño e insignificante, pero que les dé pie para acusar a la Iglesia de "idólatra" y algunos de ellos no se convencen ni con las pruebas mejor documentadas.

Son de ese tipo de sectarios "aferrados" que como decía San Pablo "siempre están aprendiendo sin llegar jamás al conocimiento de la verdad" (II Tim. 3,7), ellos se cierran aun más en su caparazón. Incluso algunos de ellos (los más "estudiosos") creen "profundizar" más en este tema y ponen como prueba "irrefutable" de que nosotros "adoramos imágenes": las palabras del IV Concilio de Constantinopla.

Dicen con aire de triunfo: "¿Cómo es posible que los católicos nieguen que "adoran" las imágenes cuando ese concilio lo afirmó así textualmente: "Si alguno, pues, no adora la imagen de Cristo Salvador, no vea su forma en su segundo advenimiento. Así mismo honramos y adoramos la imagen de la Inmaculada Madre suya, y las imágenes de los santos.los que así no sientan, sean anatema".
Y creen que con eso "reforzaron" su fe y dicen con aire de triunfo: "los católicos son idólatras", y sólo les falta decir: "Gracias, Señor, porque no soy como los demás hombres" (Lc. 18, 11ss.).

Pero sin embargo, si científicamente analizamos las cosas, nos damos cuenta de que en realidad NO TIENEN RAZÓN para afirmar tal cosa, pues el problema que se nos plantea es más bien terminológico y no dogmático, ya que "venerar" y "adorar" tienen el mismo significado pues "proskineo" en griego se aplica al mismo tiempo para "ADORAR" que para "VENERAR", por lo que para saber a qué se refiere el texto, tenemos que atender el CONTEXTO.

Lamentablemente nuestros hermanos separados tratan los documentos históricos exactamente igual como tratan la Biblia, es decir AISLANDO TEXTOS o diciendo "verdades a medias" y aislando el mensaje de su ambiente histórico y doctrinal e interpretándolos anacrónicamente con los conceptos que se usan hoy en día, como si de ese Concilio a la fecha no mediaran tantos siglos de distancia.
Pero una visión panorámica de los documentos de ese Concilio nos dan una idea totalmente diferente de la conclusión que sacan las sectas.
Primeramente debemos dejar bien claro que desde los primeros tiempos apostólicos aunque el verbo griego se aplique por igual a ambos conceptos de "adorar" y "venerar" ("hacer reverencia" u "homenaje") sin embargo ellos comprendían perfectamente cuándo aplicar uno y cuándo aplicar el otro.
La Biblia utiliza a veces el verbo griego "proskyneo" para denotar "reverencia" a una persona, pero también aplica esa misma "reverencia" a alguien que se está dirigiendo a Dios.
Sin embargo, en ello no existe nada fuera de orden, ya que a una persona la podemos "reverenciar", pero a Dios lo podemos "reverenciar" y también "adorar". En el caso contrario a una persona se le puede "reverenciar", pero jamás "adorar". Dicho en otras palabras: a Dios se le pueden aplicar los dos conceptos ("adorar" y "reverenciar"), pero a una persona solamente un concepto se le puede aplicar ("reverenciar").

Pongamos un ejemplo muy sencillo: comparemos dos pasajes de los Evangelios: a) "Y cayendo pues frente a él aquel siervo, se postraba ("prosekúnei") ante él, diciendo: Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo" (Mt. 18, 26). b) "Entonces Jesús le dijo: Aléjate de mí, Satanás, pues está escrito: Al Señor Dios adorarás ("proskunéseis") y a él sólo servirás" (Mt. 4, 10).

En ambos pasajes se utiliza el mismo verbo "proskuneo", pero en el primer pasaje se traduce: "postrarse" (o "tratar de aplacar suplicando" = Diccionario "Montanari" de la lengua griega) y en el segundo se traduce "adorar". Sucede más o menos lo mismo con la actual palabra inglesa "left", que lo mismo puede significar "dejado", "olvidado", "sobrado" o bien "izquierdo" o "lado izquierdo", todo ello dependiendo del contexto o si es nombre, adjetivo o adverbio. O poniendo un ejemplo quizá más sencillo y cotidiano, muchas veces nosotros decimos a un hijo o a la esposa: "Te adoro", pero ahí la palabra "adorar" tiene sentido relativo y no absoluto.
Con lo anterior queda bien aclarado que un mismo verbo griego "proskinei" es el que usa en el IV concilio de Constantinopla- para "adorar" y para "venerar".
Pero rogamos al amable lector que se fije bien en un detalle que parece sin importancia pero no lo es. Ese concilio a pesar de utilizar "proskyneo" para la adoración de la imagen de Cristo y de su madre la Virgen María y los santos, sin embargo nótese cómo hace una clara distinción entre ellos. Por ejemplo en el caso de Cristo se dice que esa adoración es similar a la adoración de los evangelios PERO ESO NO SE DICE DE LA VIRGEN, DE LOS ÁNGELES NI DE LOS SANTOS. Pero volvamos al documento constantinopolitano y analicémoslo de nuevo (Se puede consultar el libro "El Magisterio de la Iglesia" de Enrique Denzinger de la Biblioteca Herder, págs. 124 y sucesivas):

En el caso de Cristo se emplea el verbo "proskyneo", en un sentido o modalidad que da a entender un "modo fuerte", "absoluto". En los otros tres casos SE UTILIZAN DOS VERBOS COMBINADOS y no solamente de "adorar", sino que se dice: "HONRAMOS Y ADORAMOS". Ese detalle que a cualquiera pasaría desapercibido, es el que nos da la clave para la correcta comprensión del texto conciliar. A este "honrar y adorar" hoy se le llama "VENERAR".
Otro detalle importante de los documentos de ese concilio es el ORDEN o GRADACIÓN de esos cuatro grupos ya mencionados (Cristo, Virgen, ángeles y santos), es cual está muy lejos de ser "casual". Nótese que el culto tributado o reservado a la Virgen María es puesto en relieve con respecto a los otros dos grupos. El mismo concilio da la respuesta de dicha gradación: "porque es la Madre de Dios", privilegio que no se puede aplicar a los ángeles ni a los santos.

¿Cuál es la razón por la que dicho concilio utiliza el verbo "Proskyneo" para "adorar" y para "venerar"? La respuesta es muy sencilla: para el año 869-870 en que se celebró el concilio, no había una terminología clara y plenamente definida para designar el culto reservado a la Virgen y a los santos, por esa razón es que el verbo "venerar" no figura.
Venerar en griego se decía también proskyneo, y adorar también se decía proskyneo como ha señalado el famoso diccionario de Montanari al cual ya nos hemos referido.
La Iglesia a lo largo de los siglos ha ido precisando cada vez más esa terminología, de manera que hoy se establece una clara distinción entre adorar y venerar.
Algo semejante ocurrió con el término "persona". Antes del Concilio de Calcedonia, no había una clara distinción entre "persona" y "naturaleza".

Para finalizar el presente tema, podemos rematar con el siguiente enunciado que pondremos con mayúsculas: "ANTES DE VER EL IV CONCILIO DE CONSTANTINOPLA... HAY QUE ANALIZAR EL II CONCILIO DE NICEA (celebrado más o menos un siglo antes del IV de Constantinopla)...QUE ESCLARECE LA DIFERENCIA ENTRE ADORAR Y VENERAR. Así pues, vemos que el concilio anterior YA HABÍA DEFINIDO EL TIPO DE "ADORACIÓN" QUE SE LE BRINDA A LAS IMÁGENES:
Escuchemos a los Padres conciliares en la magnífica obra de Enrique Denzinger que goza de gran autoridad entre los Teólogos y canonistas:
"Porque cuanto con más frecuencia son contemplados por medio de su representación en la imagen, tanto más se mueven los que éstas miran al recuerdo y deseo DE LOS ORIGINALES y a tributarles el saludo y ADORACIÓN DE HONOR, no ciertamente LA LATRÍA VERDADERA que según nuestra fe SÓLO CONVIENE A LA NATURALEZA DIVINA; sino que como se hace con la figura de la preciosa y vivificante cruz, con los evangelios y con los demás objetos sagrados de culto, se las honre con la ofrenda de incienso y de luces, como fue piadosa costumbre de los antiguos, PORQUE EL HONOR DE LA IMAGEN, SE DIRIGE AL ORIGINAL"

Así pues a cualquiera que pretenda desviarnos de la fe con mentiras y falacias y tratando de engañarnos mostrándonos el IV Concilio de Constantinopla, mostrémosle los documentos del II Concilio de Nicea, es cual aclara lo que es una "adoración de honor" ("dulía") y no "adoración máxima de latría", esta ultima corresponde de manera exclusiva sólo al Ser Supremo.