Viaje a Casa

Jim Anderson

 

El Espíritu de Dios entró en mi vida el Domingo de Pascua, 10 de abril de 1955, cuando, a la edad de tres meses, fue bautizado en la Union Furnace Evangelical United Brethren .

Criado en Ohio, en una familia nominalmente Evangelical United Brethren (más tarde Metodista Unida), crecí en una familia en la que ninguno de mis padres asistieron a la iglesia. Yo fui uno de esos chicos que dejan “abandonados” en la escuela dominical. Después de la escuela dominical, era un vecino el que por lo general me llevaba a casa. La mayor influencia en mi temprano desarrollo de la fe fue mi abuela Anderson, uno de los pocos verdaderos fieles en mi familia.

Debido a que crecí protestante, el catolicismo no era un factor en mi vida. Tuvimos una familia vecina que era Católica. El esposo alardeaba que iba a confesarse antes de una fiesta para mencionar cualquier pecado que pudiese cometer más tarde, mientras estuviera pasando un buen rato. "Nunca se sabe", dijo, "lo que puede pasar en el tráfico de camino a casa." Nuestro vecino podría haber hablado en broma, pero ¿cómo íbamos a saber? Nosotros sabíamos ciertamente que estaba diciendo la verdad en lo relacionado a las fiestas! Yo repudiaba la (equivocada) conclusión de que la "confesión antes del pecado" es una práctica común y aceptada por la iglesia Católica.

Estas nociones deformadas de la doctrina católica se vieron reforzadas cuando asistí a clases de catecismo en preparación para la confirmación en la Iglesia EUB. La esposa del pastor, cuando nos enseñaba acerca de las diferentes confesiones cristianas, dio la siguiente definición: "los católicos son paganos cristianizados que adoran a estatuas de María."

Una exposición básica de las Sagradas Escrituras en la escuela dominical permitió a mi fe en Cristo empezar a madurar, pero sólo hasta cierto punto. Entendí a Jesús como mi mejor amigo celestial. Lo que realmente significa tener a Cristo como mi Salvador y Señor estaba poco claro en mi mente.

Yo quería estar cerca de Dios, pero no sabía cómo. Cada vez que veía una cruzada de Billy Graham en la televisión, aceptaba a Jesús en mi corazón una y otra vez. Yo sabía que el viaje se iniciaba con la aceptación de Jesús, pero ¿a donde tendría que ir después de eso?

En el otoño de 1973 me inscribí como estudiante de primer año en la Universidad de Ohio en Atenas. Mientras tomaba un curso de verano sobre la Civilización Occidental empecé con un despertar muy difícil. Llegué a entender que la confesión de mi infancia carecía de raíces históricas reales.

La historia Cristiana, aprendí entonces, alcanza más de dos mil años. Mi herencia Metodista apenas alcanza doscientos años. En las clases dominicales, nunca nadie habló sobre lo que había hecho Dios en el primer siglo. Algunas veces había un comentario sobre Sus acciones en nuestra propia Iglesia en los últimos doscientos años, pero incluso eso era poco frecuente.

¿Podría ser que el Señor se haya tomado vacaciones por dieciséis siglos? Por supuesto, tal creencia nunca fue mencionada por la gente. Era una hipótesis vital que nadie realmente cuestionó.

No me gustaron esos sentimientos precarios y difíciles que esas preguntas provocaron en mi.

Era difícil porque no podía pensar de alguna repuesta que satisfactoriamente contestara mis preguntas. En aquel entonces, yo sentía solo una ligera incertidumbre: era una simple fisura en el muro de mi visión protestante. Todavía no sabía que este sentimiento inconfortable seria el inicio de ocho años de preguntas y sorprendentes respuestas que finalmente me llevarían hacia la iglesia católica.

 

 

Mi estancia entre los luteranos

El siguiente y mayor paso de mi jornada hacia la iglesia católica seria una estancia entre los luteranos. Mi introducción al Luteranismo vino a través de mi mejor amigo, Brian, quien me invito a su Iglesia el domingo de Pascua de 1974. Fue en esa congregación donde experimente por primera vez la majestad del Señor en el culto litúrgico.

Debido a que hasta ese momento yo había asistido únicamente a la escuela dominical metodista, la belleza de la adoración litúrgica llega a mi como una inesperada y placentera sorpresa. Sentado en la última fila, empecé a preguntarme porque el pastor había fallado al presentarse al culto. La música empezó, la gente seguía de pie y cantando, pero no había gente en el pulpito. En donde podría estar?-yo pensé--

Entonces empecé a oír cantos detrás de mi. En procesión el coro juvenil, luego coro de adultos, seguidos por el pastor. ¡Así que allí está! Era la liturgia de pascua que me sigue provocando admiración.

La escuela dominical me había enseñado que Jesús es mi Salvador y mi mejor amigo. Esta liturgia luterana me enseñaba la belleza y majestad de nuestro Señor Jesucristo. ¡El no es solo Salvador y amigo, sino también el Señor y el Rey del Universo! La liturgia luterana empezó mi entrenamiento relacionado con el significado de adorar.

Me instruí con el pastor Lueck sobre el Pequeño Catecismo de Lutero. Me recuerdo diciéndole que yo quería pertenecer a una Iglesia con una herencia y con raíces muy profundas dentro de la historia. Le dije que mi otra opción era el catolicismo, pero debido a su idolatría no debían de ser ni siquiera considerados. Así que los luteranos eran mi opción. Me convertí en miembro de la Iglesia Luterana de san Marcos (ILSM), en Logan, Ohio en el primer domingo de Adviento, el 1 de dic. de 1974. El cual también era Domingo de Comunión.

 

Aun hay más con luteranos

Como luterano aprendí mucho sobre Dios, Jesús y la Biblia, pero el Señor tenía más sorpresas para mí. Al regresar a la universidad de Ohio, en el otoño del 75, vi un curso de “cristianismo básico” publicitado en un periódico estudiantil. Este curso se convirtió en un parteaguas en mi vida.

Descubrí que existía en el campus una comunidad dinámica estudiantil de fe ecuménica llamada “ministerios rio de vida”, la cual me aceptó con los brazos abiertos. “Rio de Vida” nació de las cenizas de un capítulo cerrado de la Hermandad “Intervarsity Christian”. Los líderes estudiantiles eran una combinación ecuménica interesante, hecha de metodistas, judíos mesiánicos, episcopalinos, luteranos y bautistas.

Aunque “Rio de Vida” era patrocinado por la iglesia metodista “central avenue”, el grupo se reunía en el sótano de la iglesia luterana “Christ” cada viernes por la noche para rezar, enseñar y fraternizar. Imaginé que si se reunían en la iglesia luterana no debían estar demasiado lejos de la verdad. Fue en esta “fraternidad de los viernes por la noche” donde pude profundizar en mi entendimiento de la oración, estudio bíblico, y camaradería con otros cristianos.

Cuando estuve en la preparatoria, era considerado un geek (matado), por lo que nunca había experimentado la aceptación incondicional y el amor de personas de mi misma edad. Estaba sorprendido por haber sido inmediatamente acogido como un hermano en el Señor por las personas de este grupo de amigos. Yo me deje llevar en el amor que Jesús me estaba dando a través de mis nuevos amigos. Todas mis amistades más duraderas de la universidad han sido con gente que conocí en esta fraternidad.

 

Empezando a conocer a los católicos

Debo confesar que tenía un problema con unos pocos de los estudiantes de la fraternidad. Algunos de ellos eran católicos. ¿Cómo podía ser eso? mis ideas erróneas sobre católicos no se habían modificado mucho en los últimos años.

Algunos de estos católicos me invitaban a un grupo de oración que se reunían en el centro de estudiantes católicos “Christ the King”. Entonces, me asombré de encontrar a una gran cantidad de cristianos católicos, y la única estatua de María estaba en la esquina trasera de la iglesia. “quizá no la adoran a ella después de todo”- yo pensé-. Como mínimo estos católicos no lo hacen. Pronto aprendí que su fe estaba basada enteramente en Jesucristo y las enseñanzas apostólicas de su iglesia, animada por el Espíritu Santo.

AL final del otoño, fui invitado a la que sería mi primera Misa católica. ¡Eso me horrorizó! La liturgia era muy conocida por mí, pero había un problema mayor. Yo no podía librarme del idioma inglés elizabethano de la liturgia luterana. La misa estaba hablada en inglés contemporáneo. Había pensado que yo era el único que había pertenecido a la iglesia reformada y actualizada. ¡En ese momento la iglesia católica se veía, para mí, mas reformada que mi propia iglesia Luterana!

Gracias a una bien surtida mesa de libros en la fraternidad, empecé a exponerme a muchos autores cristianos. El único que tuvo los efectos más duraderos en mi vida espiritual fue C. S. Lewis. Sus libros influyeron en el proceso de maduración de mi teología, dándole bases solidas tanto en lógica como en Escritura.

Mi primer libro de Lewis fue “The screwtape letters”. No podía dejar de leerlo. ¡De hecho me senté toda la noche, terminándolo en una sesión!

EL siguiente en mi lista fue “Mere Christianity”. Descubrí que una defensa razonable de la fe puede ser hecha con lucidez. Christianity era verdad, y la verdad puede ser demostrada a través de la lógica. Claro que necesitamos la fe, pero nuestro salto de fe no debe ser un salto en la oscuridad.

Lewis me respondió sobre la controversia de fe y obras. SU analogía de fe y obras actuando en una persona como dos hojas de una tijera tenía sentido para mí. “The Great Divorce”, otro libro de Lewis, fue instrumento para el esclarecimiento de otra enseñanza católica: el purgatorio. En este librito descubrí que el purgatorio encuentra perfecto sentido a la luz de la justa misericordia de Dios.

Claro que la representación del purgatorio de Lewis no corresponde a lo que la iglesia católica enseña sobre el tema. Lewis advierte que es solo una historia, no teología sistemática. Aun así me abrió la posibilidad de la verdad de esta doctrina.

 

Conociendo a los Padres de la Iglesia

En el invierno de 1977 se ofreció un curso de la Historia del cristianismo Primitivo. Gracias a este curso, conocí a los padres de la Iglesia Primitiva. La clase encendió un profundo deseo de aprender todo lo que pudiera sobre la Historia de la Iglesia Primitiva y la teología patrística.

Entonces me dirigí hacia una librería Cristiana, donde pregunte si tenían libros de los padres. El dependiente no supo de lo que yo estaba hablando. Después de buscar en catálogos de editores, ordene libros de padres ante-nicenos. Gracias a los escritores cristianos primitivos del primer y segundo siglo, como San Clemente de Roma, San Ignacio de Antioquia, San Justino mártir y san Ireneo, aprendí que muchas de las doctrinas que yo había desechado como católicas, eran de hecho enseñadas por la iglesia de esa época.

Por ejemplo, yo había aceptado siempre, sin duda alguna, la doctrina protestante de “solo escritura” la que dice que la biblia es la única fuente de autoridad y revelación. Cuando leí los padres primitivos, descubrí que enseñaban que la iglesia estaba basada no solo en la biblia sino que también en las escrituras, la sagrada tradición, y la enseñanza apostólica autorizada de los obispos (el magisterio). descubrí declaraciones escritas como esta por San Ireneo, alumno de San Policarpo, discípulo del Apóstol Juan en el año 185:

“La Iglesia, diseminada por todo el mundo, habiendo recibido esta predicación y esta fe...la custodia con diligencia, como habitando una sola casa; y de manera semejante las cree, como teniendo una sola alma y un solo corazón; y las predica y enseña y transmite de consuno, como poseyendo una sola boca. Porque aunque en el mundo haya diversas lenguas, sin embargo el poder de la tradición es uno y el mismo. Y ni las iglesias que fueron fundadas en Germania creen de otra manera o transmiten de otra manera; ni las que fueron constituidas entre los iberos,... sino como el sol, criatura de Dios, es uno y el mismo en todo el mundo, así la luz, la predicación de la verdad, brilla por todas partes e ilumina a todos los hombres que quieren llegar al conocimiento de la verdad. Y, entre los que presiden las iglesias, ni el que posee elocuencia dice cosas distintas que estas (pues nadie está por encima del maestro), ni el que no la posee disminuirá la tradición. Siendo la fe una y la misma, no la aumenta el que puede decir mucho de ella, ni la disminuye el que poco.

El verdadero conocimiento es la doctrina de los apóstoles, y la antigua organización de la iglesia a través del mundo, y la manifestación del cuerpo de Cristo de acuerdo a la sucesión de obispos, en la que las sucesiones de obispos han pronunciado la iglesia que se encuentra en todas partes; y la completa tradición de las escrituras, las cuales han venido a nosotros al ser guardadas contra falsificaciones (Contra las herejías 4,33,8).

También descubrí que en ninguna parte de la biblia enseña que las escrituras sean la única regla de fe para los cristianos. Entonces deduje que si esta enseñanza no estaba en la biblia, y los padres de la Iglesia pensaron todo lo contrario, entonces la teoría “solo escritura” debería ser una tradición de hombres y no una doctrina de Dios.

 

La necesidad de una Doctrina Apostólica.

Como luterano, pensaba que el sacerdocio de todos los creyentes no necesitaba de un sacerdocio ministerial. Pero encontré que, mientras no se negara la enseñanza de san Pedro de que todos los cristianos son miembros de un “sacerdocio real” los padres insistían en la necesidad de autoridad apostólica en la Iglesia.

Por ejemplo, san Clemente, el tercer Obispo de Roma, escribió a la iglesia de Corinto en el año 80:

“nuestros apóstoles saben que a través de nuestro señor Jesucristo que se lucha por el cargo de obispo. Por esta razón, por lo tanto, habiendo recibido perfecto conocimiento, envía señales a aquellos que ya han sido mencionados, y después se agrega la nueva disposición de que, si ellos mueren, otros hombres aprobados deben suceder a su ministerio”

¡Clemente estaba enseñando la doctrina de la sucesión apostólica!

San Ignacio también escribe:

Deben seguir al obispo como Jesús siguió al padre, y al presbiterio (el consejo de sacerdotes) como lo haría con los apóstoles. Reverencien a los diáconos como si fuera el mando de Dios. No hagan algo que concierna a la iglesia sin el Obispo. Consideren válida una eucaristía que sea celebrada por el obispo o por uno al que el designe. Donde quiera se presente el obispo, dejen a la gente estar ahí, así como donde este Jesús, ahí este la iglesia católica.

Como podían estos Padres primitivos haber escrito estas cosas? ¡Estas cosas son muy católicas!. Después de todo, la fe protestante se supone que es una restauración de la pura, incorrupta cristiandad de los primeros siglos.

Pero no puedo ignorar el hecho de que Jesús prometió enviar el espíritu santo a su iglesia y protegerla: “El abogado, el Espíritu santo que el padre enviara en mi nombre, el les enseñara todo y recuerden todo lo que les dije” “cuando venga, el Espíritu de la Verdad, los guiara a la Verdad”

Pensé, entonces, que tenía dos conclusiones: Podía concluir que Jesús no pudo o no quiso estar a la altura de sus promesas y que la iglesia fue corrompida casi inmediatamente después de que el ultimo apóstol murió; o podía concluir que las enseñanzas católicas que estaba yo descubriendo, en los escritos de los padres, era un desarrollo válido de la iglesia guiada por el espíritu santo exactamente como lo prometió Jesús. Si estas enseñanzas fueran verdaderas, ellas demandaban mi aceptación en sumisión hacia el señorío de Jesucristo.

Yo estaba descubriendo, entonces, que si la posición protestante es verdadera, Jesús debió de haber fallado en el cumplimiento de sus promesas. ¡Algo realmente imposible!

 

Perdida de fe entre los líderes protestantes

Durante el tiempo en que yo estaba en términos con los padres de la iglesia, me estaba también alarmando ante el acelerado abandono de la verdad cristiana por los líderes protestantes que yo conocía. El sacerdote episcopal local negaba la muerte y resurrección de Cristo. Oí un sermón de un profesor de filosofía en mi parroquia luterana que declaro que creer en la resurrección era solo un piadoso “seguro contra incendios”. Decía que el concepto de resurrección era una adquisición de la antigua religión persa de zoroastrismo, adaptada por los judíos durante el cautiverio en babilonia. Insistía que no era un elemento esencial de la fe cristiana. Durante el sermón el pastor se sentó transmitiendo su aprobación.

Mi amigo John, que asistía a un seminario metodista, encontró similar falta de fe en los lideres que él conocía. Se quejo de que sus profesores de teología, solo un tercio aceptaba la deidad de Cristo, solo un cuarto creía en Su resurrección carnal, y solo uno, sacerdote católico , creía en el nacimiento virginal.

Me sentí extremadamente mal al estar bajo la autoridad de un obispo protestante que no creía. Aunque sabía que había muchos protestantes fieles en las bancas, encontré que sus líderes estaban abandonando rápidamente la cristiandad.

En la iglesia católica, sin embargo, vi a la jerarquía sosteniendo firmemente la verdad de la fe de Cristo y los apóstoles. También estaba dolorosamente consciente de que, hay muchos católicos de nombre que tenían muchas ideas fuera de contexto. Pero sabía que si me convertía en católico, estaría sometido a la autoridad del papa y los obispos, a los cuales los veía con una fe poderosa- no a los sacerdotes de moda, monjas y laicos.

Mientras leía “ lutherans and Catholics in Dialogue”, los documentos oficiales de los diálogos ecuménicos católicos-luteranos, me desencante todavía más con el luteranismo. Me encontré a mi mismo del lado católico de las conversaciones. Frecuentemente los luteranos decían que estaba de acuerdo con la enseñanza católica, pero estaban cómodos con la terminología porque creían que había sido perdida quinientos años antes. Con todo esto, cada vez me sentía más incomodo permaneciendo luterano.

 

El desarrollo de nuevas convicciones

El 8 de dic. 78, mis convicciones se habían desarrollado hasta el punto de escribir en mi agenda:

“En el sacramento de la sagrada Eucaristía, Cristo, verdadero dios y verdadero hombre, es presentado completa y enteramente, en su cuerpo y sangre, bajo los signos de pan y vino, la presencia de Cristo no viene a través de la fe de los creyentes, no viene a través del poder humano, sino a través del poder del espíritu santo a través del Verbo… la eucaristía es también el sacrificio de la iglesia. En esta la iglesia hace su sacrificio de alabanza al padre. En la eucaristía Cristo es vuelto a presentar a su iglesia y el acto de la cruz es traído al presente…

Ya que la Iglesia Católica romana tiene la historia más extensa, con sus raíces en los apóstoles, y todas las otras denominaciones cristianas tienen su origen final en esta, la unidad total no vendrá hasta que todas estén en completa comunión con esta. Aquellos que no trabajen por la unidad, o contra ella, no perderán su salvación, pero son contrarios a la voluntad del padre y son hijos rebeldes e indisciplinados, a los cuales el castigara.

Claramente, el conocimiento católico de la Eucaristía se había convertido en parte de mí.

Mi última dificultad doctrinal para superar fue María. No tuve problema en aceptar su virginidad perpetua; podía ver como esa verdad se deduce de los evangelios. Tampoco tengo problemas en pedirle a ella que rece por nosotros. Mi problema estaba centrado en los dogmas de la Inmaculada Concepción y la asunción de María. No podía entender la necesidad de tales doctrinas.

Entonces caí en la cuenta: estaba siendo inconsistente. Hacía tiempo, había creído que el espíritu santo había dado a la iglesia el don de la infalibilidad en hechos de moral y de fe. Acepte la infalibilidad de la autoridad eclesial del papa. Si yo había aceptado la autoridad de la iglesia, también debería creer en la guía divina en todo lo que ésta enseña. Decía san Agustín: “primero llega la fe y luego el entendimiento”. Así que entregue mi orgulloso intelecto, y , a su tiempo, Dios me concedió el don de entendimiento.

En julio del 79 tuve el privilegio de pasar un mes en Europa. Estaba encantado de poder visitar la basílica de san Pedro en roma, el templo del recientemente electo papa Juan Pablo II, el caballero blanco de la ortodoxia. Cuando me arrodille para rezar en la capilla del santísimo sacramento, sentí que estaba en casa. Estaba en la presencia de mi señor en la iglesia de su vicario en la tierra! Yo pertenecía aquí.

Pero porque aún seguía fuera de la casa de mi padre? Me consideraba católico, pero no reunía todavía el valor de convertirme porque sabía que mi familia se escandalizaría. También me intimidaba el acercarme a un sacerdote católico para decirle que me quería convertir. Los sacerdotes católicos que conocía tenían un aura extremadamente distante alrededor de ellos. Se veían inalcanzables para mí. Así que pospuse lo que yo sabía que tenía que hacer si yo quería ser fiel a la voluntad de Dios en mi vida.

 

Al fin en casa

 

Entre al Ashland Theological Seminary, en Ashland, Ohio en otoño del 80. Mi razón para escoger este seminario era que, aunque era de una denominación anabaptista evangélica, the Brethen Church, era entonces el seminario mas ecuménico en Ohio. Más de 55 denominaciones estaban representadas en el cuerpo estudiantil, desde cuáqueros hasta griegos ortodoxos. Yo estaba interesado en involucrarme en un dialogo ecuménico para la unidad de la iglesia. Este tipo de seminarios serian buenos para mí.

En el seminario llegue a la conclusión de que no tenía más opción que la iglesia católica. Viendo a mis compañeros muy variados, me di cuenta que el protestantismo era como muchos barcos a la deriva en el mar sin remos o timones, diciéndose entre ellos ser el único velero en el camino verdadero.

Cuando regrese a Atenas en el verano, finalmente les dije a mis amigos católicos Andy y Karen que yo tenía que hablar con un sacerdote sobre unirme a la iglesia. Me cite con el sacerdote durante junio y julio. El gran día llego el 25 de julio del 81, la fiesta de san Juan. Hice mi profesión de fe en Jesucristo y su iglesia católica, y recibí el sacramento de la confirmación. Después de la confirmación, recibí el cuerpo, sangre, alma y divinidad de mi señor Jesucristo por primera vez como un miembro competo de su cuerpo místico, la iglesia católica.

Yo arribé a casa en la iglesia, pero la jornada de gracia continúa, el señor Jesús tenía más sorpresas escondidas. Continúe mis estudios de historia de la iglesia en el seminario Ashland. Durante mi último año conocí a Lynn, una chica bautista de Virginia del Este, quien rápidamente se convirtió en mi amada esposa. En un año se convirtió en el segundo estudiante protestante en convertirse católico mientras asistía al seminario teológico Ashland…

pero esa es otra historia....