Ven a Bailar Conmigo

Lynn Anderson

Nuestra relación con el Señor Jesucristo y con Su Iglesia puede compararse a un gran baile con él llevando el paso. Nuestro Señor sabe los pasos y si le siguen en el baile nos lleva en una maravillosa y emocionante danza de la vida.

La historia de mi conversión a la fe católica se inició el invierno de mi último año de la escuela cuando me senté en mi cama haciendo mi tarea, en mi pequeña ciudad natal de Clendenin, Virginia Occidental.

Era un domingo por la noche y tuve la clara sensación de que yo debía asistir al servicio de los domingos por la noche.

Yo nunca había asistido a la reunión de oración el domingo por la tarde en nuestra iglesia Metodista, y tampoco mis padres. Así que se sorprendieron bastante cuando entré en la sala, pedí las llaves del auto, y les dije que iba a la iglesia.

Cuando entré en el santuario, estaba completamente lleno de una luz dorada. Era como si yo había entrado en la presencia de Dios! Me sentí abrumada - hasta el punto de que, involuntariamente, caí de rodillas. No había manera de que pudiera tenerme en pie, la presencia del Espíritu era tan real para mí en ese momento. Nunca he olvidado lo que pasó ya que en un punto de mi corta vida yo había estado en la presencia del Señor.

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Doce años más tarde. . . Me había graduado de la universidad, era docente de secundaria y me había regresado a mi casa natal con mi esposo y dos niños pequeños. No siempre asistí a la iglesia o permanecí activa en mi vida de oración, pero en ese momento terminé de leer un libro que me había hecho la pregunta, "¿Estaba yo dispuesta a obedecer la voz de Dios?"

Era la mañana de Pascua, y estaba de vuelta en la misma iglesia donde 12 años antes había experimentado la presencia de Dios. Me quedé después del himno final y me concentré en las tubos del órgano en la parte frontal de la iglesia, me di cuenta de que las tubos fueron desapareciendo de mi vista. Era como si pudiera "ver" a través de los tubos, a través de las paredes de la iglesia y en el exterior, vi una bella, pacífica escena pastoral. Yo estaba mirando un bosque sereno, lleno de árboles altos y donde se filtraba la luz solar. Había un arroyo CHISPEANTE corriendo a través de este bosque, reflejando la luz solar.

La única manera de cruzar el bosque era seguir la corriente - el agua viva. Cuando el paseo por el bosque se acabó, se abrió en un hermoso prado lleno de flores recorrido por una suave brisa.

En el horizonte, a través de la pradera, estaba el sol - tan grande y brillante que llenaba mi visión.

Y era este sol que había proporcionado a la luz en el bosque, y el que se reflejaba en el agua del arroyo claro espumoso.

A continuación, tan de repente como comenzó, terminó. Los tubos se cernieron sobre mi campo de visión y yo estaba todavía en pie, sosteniendo a mi hija bebé mientras que la congregación terminó el himno.

Entonces el desafío se presentó. Dios me pregunta si está dispuesta a incondicionalmente seguir su liderazgo. Mi respuesta fue entonces: "Sí, Señor."

La diversión comenzó! yo estaba siendo fuertemente alentada, en mi espíritu, para ir hasta la parte delantera de la iglesia durante la llamada de altar (El ministro siempre hacía llamada al altar, pero nadie fue a la parte delantera a renovar su vida a Cristo.) Mi impresión era que yo tenía que ir con mi bebé en brazos para renovar mi vida, porque siete familias que asistían a ese servico necesitan la sanación que yo estaba intercediendo para que ellos la recibieran. Cuando llegué al frente de la iglesia, el ministro bajó de su púlpito y me preguntó por qué yo estaba allí. Simplemente respondí: "Dios me envió!" Anunció entonces que el servicio había terminado, luego dejó el edificio tan pronto como pudo.

La siguiente semana representantes de siete familias me llamaron para contarme la milagrosa manera en que Dios había trabajado en su familia desde el Domingo de Pascua para lograr la curación durante tanto tiempo buscada.

En el mismo mes que tuve una "coincidente" reunión con el reverendo Dennis Bennett, quien fue un líder en los inicios de Renovación Carismática de la comunión episcopal. Le platiqué sobre mi experiencia en Semana Santa. Explicó que el arroyo es el agua viva de Cristo, y que tenía que permanecer cerca del arroyo para poder negociar los "bosques" de la vida. La luz al final de la pradera era la luz de Dios. Esa luz llenó el prado, dio luz al bosque, y se reflejaba en el agua del arroyo.

Un año más tarde. . . Estoy en casa y se da otra visión - esta vez mientras estoy orando en mi sala de estar. La escena era un yermo, una extensión de tierra rocosa y plana. La única manera de distinguir la carretera de la tierra que la rodea es que la carretera estaba bordeada de grandes rocas. Cuando miré hacia abajo hacia la carretera vi una mujer acostada boca abajo. Estaba vestida de negro con la cabeza cubierta e incluia un velo hasta los zapatos de botones. Supuse que ella había muerto. Entonces un hombre vestido de túnica blanca entró en la escena desde el lugar más cercano a mí. Caminó hacia la mujer y se arrodilló por su cabeza, y puso su espalda hacia mí. Él oró por la mujer, le ayudó a ponerse de rodillas y levantó su velo. Para mi total conmoción la mujer era yo – en mi edad actual. El hombre fue tan amable, y suavemente le ayudó a ponerse de pie. Era mi comprensión como la mujer en la visión que la carretera que llevaba a una ciudad cercada. El hombre vestido con su túnica blanca miró a la mujer y dijo: "Ve! Díselo a mi pueblo que estoy llegando."

En ese momento, la mujer en la visión comenzó a correr hacia la ciudad para divulgar la noticia de que nuestro Señor estaba llegando. Pero antes de que ella diera algunos pocos pasos, él le ordenó detenerse.

Él habló sólo una vez más, "no puedes hablarles de mi, si no estoy Yo!"

La mujer se dio vuelta, le dio la cara hacia Jesús y la visión terminó.

Un par de meses después, empece a considerar seriamente ir al seminario para estudiar el ministerio de jóvenes y la consejería. Yo todavía enseñaba en la escuela preparatoria, mi esposo durante diez años y yo nos habíamos divorciado, y tenía la custodia de nuestros dos hijos. En el siguiente año, oré y busqué el consejo de amigos, los ministros y recé aún más. En la primavera supe que iba a renunciar a mi trabajo y asistir al seminario. Pienso que lo que influyó en la decisión de ir a seminario fue que mis estudiantes me buscaban para que los aconsejara.

Estaban confundidos y buscaban orientación. Sabía que era el Espíritu Santo estaba obrando en sus vidas y también sabía que si les iba a dar a mis estudiantes sabios consejos necesitaba “aterrizar” en mi propia fe. Después de todo, Cristo me dijo básicamente en la visión de que no podía hacer nada sin él.

En el ínter Dios me llevó de la iglesia Metodista Unida de mi juventud a la Iglesia Bautista. Era claro para mí que el cambio no era por razones doctrinales. Exactamente la razón por la que cambié de iglesia no era clara. Sin embargo, le había prometido a Dios que, mientras él hiciera su voluntad lo mas clara para mí, yo daría lo mejor de mí para seguir su ejemplo. Si Él pensaba que yo necesitaba saber el "por qué" pues que bien para mí, pero también yo debería seguir sin ninguna causa o motivo.

Pero Dios sabía que si Él quería que yo le siguiera en su dirección tendría que ser muy claro. Sólo tenía que golpearme la cabeza para obtener mi atención. ¡Ay, cómo admiro a la gente a quien puede llamar suavemente y suavemente Él guía!

Dios, sabiendo que tenía dejar mi trabajo que me encantaba,que tenia que mudarme a 250 millas de distancia con dos niños y dejar a mi familia, envió entonces un ángel que me guió a través de los últimos meses antes de mudarme. Esto sucedió una tarde de verano cuando mi hijo e hija, que tenían siete y cinco en ese momento, y yo estaba manejando a lo largo de una estrecha carretera de camino hacia la alberca. Esta era una zona muy familiar para mí. Como los niños y yo íbamos hacía la piscina en ese caluroso día de julio, pasamos a un anciano llevando una bolsa de comestibles. Le dije a los niños que íbamos a pasar a recoger al anciano y llevarlo a su casa. Estaba demasiado caluroso el dia para caminar. Iriamos entonces a la piscina después de dejarlo a salvo del calor en su casa. Mi hijo de siete años me recordó que no deberíamos recoger extraños. Le aseguré que esta vez se trataba de algo que tenia que hacer y que se trataba de un ejemplo, cuando nosotros necesitábamos ser ayudantes de Dios.

El hombre con gusto se metio en el coche y comenzó una conversación muy general sobre el clima.

En el transcurso de unos minutos su conversación cambió a abordar el tema de la voluntad de Dios en nuestras vidas. Me informó de que sólo por obedecer la voluntad de Dios en nuestras vidas encontraríamos la verdadera paz y la felicidad. Dijo que a veces Dios nos pide que caminbar en la fe y confiar que el nos está guiando. En cierto momento, llegué a una bifurcación en el camino y le preguntó si daba vuelta a la izquierda o la derecha. Él me respondió que le podría dejar ahí y que podía caminar el resto del camino. Insistí en que estaba caluroso y teníamos suficente tiempo tiempo para llevarlo hasta su casa. Dimos luego a la izquierda y lo llevé hasta la colina a la comunidad en la que mi padre me había enseñado durante tantos años. A medida que conducía a lo largo de la colina, el anciano continuó con la conversación sobre la voluntad de Dios para nuestra vida y nuestra necesidad de ser obedientes. Pronto llegamos a claro. del otro lado del claro había árboles. El hombre me dijo que su casa estaba "más allá. "Me detuve para dejarlo salir. Abrió la puerta, recogió sus abarrotes y se puso a caminar. Antes de hacerlo, se volvió, abrió la puerta, me miró por primera vez cara a cara e hizo una pregunta muy profunda, "¿Usted cree en la divina providencia de Dios?" Yo no estaba muy seguro de lo que quería decir, pero sonaba como algo que yo creo, por lo que le respondí, "Sí". Me miró de nuevo y me dijo: "Dios los bendiga." Cerrando la puerta del auto, se volvió y comenzó a caminar a través del campo hacia el macizo de los árboles. Los niños y yo dimos vuelta en el auto, después de haber cumplido con nuestra buena acción, y se reanudó la visita a la alberca.

Esa noche cuando estábamos cenando con mis padres, mi hijo menciono que yo había recogido un "extraño!" Papá me pregunto por el anciano y después de que yo describi donde lo deje, papá nos sugirió que fueramos al lugar. Cuando llegamos al lugar donde un par de horas antes había dejado el hombre, mi padre me preguntaba si yo estaba segura de la ubicación. Yo le respondí que por supuesto yo estaba segura. El anciano había caminado hacia ese macizo de árboles. Mis hijos estaban de acuerdo. Fue una buena cosa que yo tuviera testigos. después, mi padre procedió a decirme que este era el lugar donde el "Viejo Gandee" una vez vivió. Había muerto más de treinta años atrás y posteriormente la casa fue quemada. Ahora, la conversación del anciano tenían mucho más sentido. Era un fantasma? No, no lo creemos así, pero creo que fue un ángel que utilizó estas circunstancias particulares para hablar conmigo, utilizando las casas abandonadas de las que mi padre tenía conocimiento para dejar en claro que nuestra conversación era mas profunda de lo que parecía. He llegado a comprender que teniendo en cuenta mi incapacidad para comprender las pequeñas pistas y leves codazos, Dios envió a uno de sus mensajeros para realmente sentarse en mi coche conmigo para tranquilizarme acerca de mi decisión de dejar todo y seguir al seminario.

El Seminario! Qué clase de experiencia para mis hijos y para mi. Era liberador, divertido y fue provechoso para todos nosotros. Me inscribí en Ashland Theological Seminary, en Ashland, Ohio, en el otoño de 1982. A pesar de que era dirigido por los Hermanos separados, tenía el alumnado más ecuménico en el estado, e iban desde los cuáqueros a ortodoxo griego. Los niños y yo vivimos en un apartamento en el seminario de la escuela. Todo el mundo era tan abierto y amigable; yo sabía que había hecho la elección correcta. Yo sabía que era Dios el que me había llevado. Aun así, todavía no terminaban Sus sorpresas.

Aproximadamente un mes después de llegar en el campus, (la primera madre divorciada con hijos en ser admitidos), mi hija, Mary Ann, llegó corriendo al apartamento, sus ojos brillaban.

"Mamá, mamá, te he encontrado un marido!" Todaviá veo la emoción en su cara cuando me acuerdo de ese día. Mi respuesta fue- "Eso es bueno." No había manera de que quisiera casarme de nuevo- o incluso tener citas. Había visto muchos de mis amigos pasar por un divorcio, que al empezar a salir de nuevo, sus hijos se apegaban mucho con quien salian. Después cuando la madre y novio dejan de salir, los niños se sienten devastados una vez mas. Yo había decidido que mi trabajo era hascer crecer a mis hijos. Ese fue mi objetivo primordial y mi deber. Después de que ellos se habían graduado de la escuela preparatoria, tal vez, una vez más, pensaría en el matrimonio. Mientras tanto, los niños serian lo primero. Despues, avanzando el año, oi que esta persona llamada Jim Anderson, que mi hija se había reunido en aquel fatídico día, era realmente un buen tipo. Amaba a los niños, habían llegado a seminario para estudiar historia de la iglesia y teología, y él estaba soltero! Mary Ann pronto le presentó a su hermano, Matt, a su nuevo amigo. Matt estaba igual de ilusionado con Jim como lo estaba ella. Eventualmente también conoci a Jim, el único hombre católico en la escuela. Comenzó a ir conmigo en las salidas con los niños, porque insistió en que le invitaramos.

Esa primavera, Jim me pidió si quería asistir a la Conferencia Nacional de Renovación Carismática de la Iglesia Católica en la universidad de Notre Dame. Era una oportunidad de ver no solo de dónde venia Jim espiritualmente, sino también para aprender sobre la Iglesia católica. Por supuesto que Mary Ann estaba en lo correcto y Jim y yo nos hicimos novios al llegar el invierno. La experiencia de Notre Dame probaba que iba a cambiar mi vida.

Ya que yo había crecido en Virginia del Oeste, mi exposición a la fe católica había sido mínima. Había tan pocos católicos ahí que no tenía ni siquiera ideas preconcebidas sobre esta fe. No tenía ni idea, pero deseaba investigar y aprender. Aun mas, en aquella Pascua por la mañana, algunos años antes, había prometido a Dios que si yo entendía lo que él quería que yo hiciera, yo iba a responder ¡sí, mi Señor!. Así que yo estaba en viaje hacia Notre Dame para ver cómo era la iglesia católica. La conferencia me cautivo totalmente. Sentí que mis ojos estaban siendo abiertos, esos católicos carismáticos experimentaba lo mejor de todas partes; los cantos, la alabanza a Dios, una maravillosa enseñanza. Entonces vino la Misa dominical. Nunca había asistido a una misa y aquí estaba, en el campus de Notre Dame, preparándome a celebrar la misa con un grupo de 17,000 personas! Yo entonces ya sabía, por mis estudios del seminario, que los católicos creían que la Eucaristía era la Presencia Real de Cristo. Eso tenía sentido para mí. Puedo recordarme diciendo a mi ministro metodista en un encuentro de grupos de jóvenes que yo no entendía porque los metodistas no creían que Jesús estaba realmente presente en la eucaristía. Después de todo, Cristo dijo en la ultima cena “esto es mi cuerpo”. Así que como podíamos creer de otra manera? los ministros de esa iglesia metodista eran generalmente amables y serviciales conmigo, pero cuando les hacia tales preguntas, nunca tuvieron una respuesta convincente.

Regresando a la misa en la conferencia… estaba muy atenta, tratando de abarcar lo más posible, cuando me di cuenta de los sacerdotes que distribuían la sagrada comunión, enfrente de mí. Los oía decir “el cuerpo de Cristo” una y otra vez. Di un vistazo a lo lejos, pero cuando vuelvo a ver donde mismo pude ver una figura diferente con cabello negro largo, vestido con túnicas largas, que me daba las espaldas. El estaba dando la cara a la gente que distribuía la comunión. Parecía estar de pie, muy sutilmente del resto de la gente. Entonces lo oí hablar. El no decía “el cuerpo de Cristo” sino “este es mi cuerpo”. Me dije a mi misma que podía ser otra versión de la liturgia, o podía ser Cristo de pie distribuyendo su propio cuerpo a todo el que fuera a Él.

 

Cuando Jim regreso de recibir la comunión, me dio un codazo y me pregunto si todo estaba bien. El pregunto eso debido a la mirada intensa de mi cara que algo había pasado. Le dije que todo estaba bien. Cuando mire de nuevo el sacerdote había regresado, distribuyendo la eucaristía. Estaba muy confusa y temerosa de lo que había pasado. Le platique a Jim lo ocurrido.

Dijo que lo que había visto tenía mucho sentido, porque la iglesia católica pensaba que el sacerdote es un “alter Christus”, es decir “otro Cristo” ministrando en el nombre de Jesús. Le respondí “ es mi tiempo de empezar a orar”.

 

Me arrodille y empecé a orar. Para mi sorpresa y deleite, mi visión de hacia años regreso. Comenzó donde se había quedado. Regresé al camino pedregoso, con la mujer vestida de negro, y Cristo me dijo “No puedes decirles de mi, sin mi” entonces lentamente me regrese a donde estaba Jesús y me arrodille en el camino pedregoso a sus pies.. Puso su mano en mi cabeza y dijo:

“esta es mi iglesia y esta es mi gente. Aquí es donde tienes que estar”. Entonces él me ayudo gentilmente a levantarme y comenzamos a caminar por el camino hacia la ciudad cercada. Pero el paisaje comenzó a cambiar como en un documental científico de la primavera en un movimiento acelerado. En ambos lados del camino hermosas flores, tulipanes principalmente, aparecieron de la tierra. Los arboles emergieron y comenzó a crecer el césped. Aquí termino la visión.

 

Cuando termino la conferencia yo sabía que me uniría a la iglesia católica. ¿Quién se atrevería a discutir con tal dirección del Señor? Jim y yo nos casamos ese verano y yo fui recibido dentro de la iglesia católica en completa comunión en la siguiente pascua de 1984.

 

“baila, baila donde quiera que estés

Soy el señor de la danza, dice El

y te llevare yo, donde quiera que estés

y te llevare yo en el baile, dice El.”