¡Nunca quise ser una esposa del Ministro De todos modos!

 

Por Marilyn C. Grodi

 

Esta fue la respuesta que di en la primera reunión de Coming Home Network en 1993.

Esa respuesta fue definitivamente cierta hasta que conocí al que sería mi marido en la Segunda Iglesia Presbiteriana, de Newark, Ohio. Yo tenía sólo unos pocos meses de haber regresado a la iglesia, después de no asistir a alguna iglesia en absoluto. Aquí Marcus había sido llamado como el asistente de ministro y coordinador del grupo de solteros.

Yo era una "bebé" cristiana, luchando para vivir como una, cada vez más consciente de mis pecados, así como de mi incapacidad para hacer los cambios necesarios. También estaba trabajando en el campo del alcoholismo como una educadora y consejera. Como ya había enviado gente a Alcohólicos Anónimos, sabía que necesitaba una recuperación espiritual, así como la necesitaban muchos de mis educandos.

Un amigo en nuestro grupo de solteros me dio un versiculo que tenía mucho sentido para mí , pero era difícil de aplicar: "Deléitate en el Señor y él te concederá las peticiones de tu corazón." Así que empecé a rezar todos los días mientras corría, o cuando me despertaba en la mitad de la noche. Recibí el asesoramiento del ministro que más tarde nos casó a Marcus y a mí, y durante un camino tortuoso de dos años de lucha y de retroceso, yo quería cambiar mi vida completamente a Dios.

Me sentí miserable durante gran parte de mi vida adulta, viviendo mi vida "a mi manera." Había "buscado el amor en los lugares equivocados", así que realmente no estaba segura de que sabía cómo reconocerlo cuando estuviera disponible. Me involucré en una mayor participación en la iglesia, por ejemplo en la enseñanza secundaria en la Escuela Dominical y otras que fueran peticiones razonables de Dios. Pero ¿Casarme con un ministro? Eso era demasiado pedir.

La cadena de las relaciones detrás de mí también me hacían sentir totalmente indigna de desempeñar ese papel. Finalmente recé la oración: "Señor, no se haga mi voluntad sino la tuya, si quieres que permanezca soltera, entonces eso va a estar bien." De repente, fuí completamente liberada de una relación en mi trabajo que creo que Satanás había estado utilizando para mantenerme casi inmóvil. Poco después, Dios en un "dos por tres ", Marcus y yo nos comprometimos.

Tres meses más tarde, después de mucha insistencia de mi novio que "yo era una nueva creación en el Señor", nos casamos. (Ni siquiera tuve que asistir a una escuela para nuevas esposas de ministros.)

¡Wow!, una vida cristiana era una gratificante, emocionante montaña rusa. Y con muchos desafíos, también. Me convertí en la directora de un centro de apoyo de crisis de embarazo, y nuestro primer hijo, Jon Marc, nació el día después de nuestro primer aniversario. ¡Aleluya, ser madre es lo mejor! Vivir con Marcus siempre fue interesante. Él siempre está lleno de creatividad y algunas veces ideas que daban miedo.

 

Cuando nos mudamos de nuestra pequeña iglesia pueblerina en el centro de Ohio a una congregación evangélica grande en el noreste de Ohio, pensé ¡qué grande es esto! Esta activa, vibrante iglesia era muy atractiva y con la compra de una casa, mis raíces se establecerían por lo menos diez años (o eso pensaba yo).

Ser esposa de un ministro fue realmente muy divertido: yo era libre de hacer lo que yo quería: Enseñar en la Escuela Dominical, redecorar la guardería, y desarrollar relaciones con muchas personas de ideas afines. Entonces a Marcus se le ocurre la idea de un bazar: Su inquietud acerca de su ministerio así como las cuestiones de nuestra denominación presbiteriana, decidió incorporar su formación científica a su actual carrera, mediante el estudio de la bioética. Dejó su cargo pastoral para estudiar a tiempo completo, mientras también comenzó a buscar a otras denominaciones que podrían ajustarse mejor. Lo que pasaba entonces es que nos habíamos desanimado acerca de cómo los problemas se abordaban en los niveles más altos de nuestra denominación: el aborto, lenguaje inclusivo, etc. Yo no sabía cuánto afectaban algunas de las cintas de Scott Hahn a Marcus. Dejar a nuestra iglesia fue una gran decepción para mí y para muchos en la iglesia, ya que sólo habíamos estado un año y medio.

Marcus conducía a Cleveland cada día a la Case Western Reserve University, mientras yo cuidaba a nuestro hijo en edad preescolar y el recién nacido Peter. Nos estábamos empezando a aislar, ya que aún seguíamos viviendo en nuestro antiguo barrio cerca de nuestra iglesia y amigos, quienes no entendían lo que estábamos haciendo, y yo tampoco. Estábamos en verano, mientras que Marcus estudiaba no sólo la genética, sino que leía todo lo que caía en sus manos acerca de la Iglesia Católica.

Milagrosamente, los dos nos encontramos abiertos a las verdades de la Iglesia Católica, y mucho de lo que antes no tenía sentido ahora lo tenía. Nunca en nuestros más recónditos sueños habíamos pensado seriamente en esta Iglesia histórica, que, al menos para mí, siempre había sido uno mito de personas equivocadas. Marcus bastante rápidamente llegó al punto en que sentía que no podía ser un protestante, pero ninguno de los dos sentíamos que en realidad podríamos convertirnos en católicos.

Cuando empezamos a asistir a misa, fue terrible: las iglesias parroquiales parecía tan frías y hostiles, no había programas de bienvenida a la escuela dominical o guarderías para los más pequeños. La peor parte venía con el sacrificio de la misa. Yo sólo quería liberarme y llorar o correr. Sin haber tratado el tema de la Eucaristía, yo intuitivamente sabía que aquí estaba la diferencia fundamental.

A pesar de que Marcus declaró que los niños y yo podíamos seguir asistiendo a la Iglesia Presbiteriana, yo no quise ir que fuéramos a iglesias separadas por la mañana del domingo. Afortunadamente, habíamos descubierto una parroquia en la ciudad que se parecía a muchas iglesias protestantes: eran un poco más amigable, incluso con café y donas; el catecismo se celebraba el domingo por la mañana para los niños (se sentía como la escuela dominical). Estas cosas, más bien superficiales de hecho me ayudaron mucho cuando estaba haciendo la transición al mundo del catolicismo. Así que cada domingo iríamos, tristemente, pasando de camino por nuestra antigua iglesia, pero también nos convencíamos más sobre lo que teníamos que hacer.

Entonces, nos encontramos con un obstáculo inesperado. Marcus y yo decidimos que daría un vistazo a la clase RICA (Rito de Iniciación Cristiana para Adultos). Pero dimos marcha atrás por dos razones. En primer lugar, no estábamos preparados para que el mundo supiera de nuestras inclinaciones hacia la Iglesia Católica, y algunos de nuestros compañeros de clase en RICA eran de nuestro barrio. En segundo lugar, nos dimos cuenta de que incluso si hubiéramos completado esta clase, al menos estaríamos temporalmente inhabilitados para entrar en la Iglesia a causa de un compromiso matrimonial que había hecho antes a mis 20 años.

¡Bien! ¡Tal vez ésta sería una cuestión que nos salvaría de la Iglesia! Nunca soñé que nos enfrentaríamos con un obstáculo, y también con enfado pensaba en los peores pecados que habíamos cometido que nos habían impedido convertirnos en miembros de la Iglesia Católica Romana.

Después de mucho meditar y orar, pronto nos dimos cuenta que este requisito de obtener la anulación fue otra gran razón para buscar esta Iglesia y sus enseñanzas. Yo inicialmente me había sentido atraída a la Iglesia Católica, ya que parecía ser la única que se aferraba a esas cosas que sirven para fortalecer y preservar las familias. Cada otra denominación se había convertido en poco estrictos hacia el aborto, la anticoncepción, el matrimonio, divorcio, etc.

Así que me tragué mi orgullo y dí mi primera gran paso sumisa, inclinándome ante el gran poder y majestad de la autoridad de la Iglesia. Realmente lo hicimos juntos, ya que Marcus estaba allí, de manera de apoyo, en cada etapa del proceso. El proceso de anulación resultó no ser tan intimidante como lo había imaginado, sino más bien una bendición para nosotros dos y nuestro matrimonio.

 

Nueve meses más tarde, después de que nos habíamos trasladado a Steubenville, Ohio (un buen lugar para aprender a ser católicos), se nos informó de la sentencia de nulidad, y después de un mes, el 20 de diciembre de 1992, nos recibieron en la Iglesia en la parroquia de San Pedro, y nuestro matrimonio fue bendecido con un nuevo intercambio de votos y anillos. Lo que fue un motivo de alegría que compartimos con muchos nuevos amigos.

Bueno... Marcus no es ahora conocido por muchos como el reverendo. Pero me alegro de que yo fui la esposa de un pastor por un tiempo, y estoy eternamente agradecida de que toda nuestra familia está disfrutando de las riquezas de la Iglesia una, santa, católica y apostólica.